Disponible ahora! La Mujer Satanica por David González

  • La Mujer Satanica
  • Autor: David González
  • Género: Terror sobrenatural y suspense
    Longitud: Novela
    El recuento de palabras: 46032
    recuento de páginas de libros electrónicos: 184

    precio: 4.99 USD

Portada: Javier Barragán

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Kate Dallas es una reputada productora de televisión que busca un programa nuevo y fresco, que sirva para todos los públicos y que tenga un fuerte enganche: una mezcla de Gran Hermano y los programas de casas encantadas. 

La casa de los Adams, una mansión encantada y abandonada con un terrible pasado será el escenario perfecto.

Contratará a siete desconocidos con motivos diferentes para querer aceptar el reto y con una serie de normas, les ofrecerá la aventura de sus vidas. 

Pruebas, terror, fantasmas, asesinato…todo en riguroso directo.La pregunta es: ¿Realmente está todo preparado?

Extracto:

La noche cayó sobre la ciudad como un manto oscuro cubriendo los edificios y las calles. La lluvia que llegó poco después era tan intensa que apenas se podía ver nada. La gente corría a refugiarse en sus casas o bajo el puente más cercano, esperando a que amainase la tormenta.

Pero ésta amenazaba con acomodarse toda la noche. Los relámpagos tiñeron el cielo de blanco y los truenos retumbaron como el rugido de un gigante.

La antigua casa de Sir Hugh Adam se erguía amenazadoramente sobre una calle oscura y poco transitada.

A simple vista parecía una casa antigua y abandonada, tétrica y gótica, con toques modernos. Un cruce entre un psiquiátrico espeluznante y una mansión de lujo que te atraía como un imán.

De hecho eso era lo que opinaba todo el que por ahí pasaba y se fijaba en su majestuosidad, que sentían como si algo les empujara a entrar.

Y eso les sucedió exactamente a Ryan y Allison, una joven pareja con gustos muy peculiares. Él tenía poco más de veinte años y la vida resuelta, hijo de una familia adinerada y con una cantidad de títulos colgados en marcos sobre la pared de su habitación, el chico tenía claro su futuro, ser futbolista profesional. Le apasionaba el deporte y las chicas, era un ligón empedernido, muy sexual y extremadamente morboso.

Y Allison era exactamente eso, morbosa y calentona a más no poder. Ella juraba que sus pechos eran naturales, no operados, pero parecía que nadie más se creía eso, pues eran muy grandes y perfectos, para su edad.

Ryan era rubio, con el cabello corto y ricitos asomando sobre las orejas, cuerpo atlético y buenos brazos.

Allison también tenía el cabello claro, además de largo, concretamente hasta la cadera; ojos azules y unos labios super sensuales.

La pareja tenía una particularidad en común, el sexo y el morbo. Les encantaba hacerlo en sitios prohibidos o peligrosos.

En una ocasión en los vestuarios de una reputada tienda de ropa en el centro comercial de la ciudad, donde sujetando la puerta sólo con la mano, echaron un buen polvo mientras se suponía que ella se probaba ropa interior. Al terminar, él se limpió la eyaculación con el tanga y se vistieron. Se lo devolvieron a la dependienta con las prisas, arrugado y pegajoso, y se lanzaron a la carrera.

La dependienta se acordó de la familia de ambos, pero para ellos fue una experiencia más y lo pasaron genial.

En otra ocasión haciendo paracaidismo, ligeros de ropa, se las ingeniaron para hacerlo en pleno vuelo, con unas estupendas vistas a sus pies. La adrenalina y el subidón era muy bien recibidos.

Y esta vez el lugar elegido era el interior de aquella mansión.

Ambos caminaban chapoteando sobre el remolino de agua que discurría como un río improvisado en las calles de Adam Hill, el nombre que recibía ese pueblo tan poco poblado al sur de Texas.

Llegaron al fin a la puerta de entrada de esa mansión y como no sabían cómo acceder, o si estaría abierto, se limitaron a picar. Al no recibir respuesta, empujaron y la puerta cedió.

La pareja, enfundados en sendos chubasqueros amarillos veraniegos, se colaron dentro y cerraron la puerta entre truenos, corrientes de aire que se filtraron dentro de la casa y parpadeos blancos causados por los relámpagos.

El primero en quitarse la capucha fue el chico, cuyos rizos dorados ahora mojados, goteaban agua al suelo. Después la siguió su chica, cuyo rostro repleto de maquillaje estaba corrido por la lluvia y casi parecía que la hubiesen golpeado.

-No me puedo creer que al fin estemos dentro- declaró anonadado Ryan, mirando a su alrededor.

No había luz dentro y tampoco se molestaron en buscarla, pero gracias a los grandes ventanales rectangulares de la casa se filtraba la luz del exterior y en este caso de la tormenta y gracias a ello, podían ver perfectamente.

Había una escalera que ascendía de la planta baja a la alta tan ancha que cabían tres o cuatro personas juntas a la vez.

Aquello no parecía la típica casa abandonada con telarañas, mugre y polvo. Parecía extrañamente limpia y recogida, lo cual no tenía sentido, pues llevaba al menos diez o veinte años desocupada.

-Pues aquí estamos, y he de reconocer que es mejor de lo que esperaba. Pero no parece para nada deshabitada- declaró Allison.

-Hasta me gusta esta casa.  Venga, nena, ponme al corriente, que lo estoy deseando. Esta vez donde nos lo vamos a montar…-le preguntó sensualmente su chico, poco antes de besarla con ganas.

-Estamos en la antigua casa de Sir Hugh Adam, donde diversas generaciones vivieron o mejor dicho malvivieron. Se dice que es una de las casas más encantadas y peligrosas de Estados Unidos-

Ryan esuchaba atentamente a su novia mientras escudriñaba los alrededores.  El techo era tan alto que se iba directamente al piso superior. Por dentro todo era marrón; las paredes, los muebles alejados, el suelo y una mesita pequeña colocada empotrada al fondo bajo una tanda de objetos colocados como trofeos que no alcanzaba a ver.

-¿Y cuál es el punto flaco de la casa o lo más prohibido?- preguntó sensualmente a Allison, cogiéndola por la cintura y agarrándole con fuerza el culo.

-Se dice que el hijo pequeño y heredero de la casa, Hugh, con tan sólo once años, tenía un don. El de ver a través de las personas todos sus pecados cometidos a lo largo de su vida como flashes en su cabeza. Lo curioso es para poder verlos tenían que haber practicado el sexo recientemente o al menos estar en un estado de excitación absoluta.

-¿Y después…?-

-Después, dependiendo de la magnitud de los crímenes o de la posible justificación los sometía y castigaba para purificar sus almas y perdonarlos.

-Vaya, interesante. Me pregunto qué tipo de castigos aplicaría…

Ryan la miraba muy picarón y sonriente.

-¿Quieres averiguarlo?-

-Por supuesto. Para ese hemos venido, no, ¿cariño?-

Ella se limitó a asentir sin dejar de mirarlo  a los ojos. Juntaron sus caras y se fundieron en un beso fogoso, caliente y muy sensual.

La llevó contra la pared detrás de ella y la forzó, casi obligándola, cosa que a ella le encantaba y ponía todavía más.

Ella mordisqueó su labio inferior entre beso y beso y jugueteó con su lengua intercambiando saliva en el proceso. El chico estaba muy caliente y ella pudo notar claramente un bulto duro y largo entre sus piernas.

Con el dedo índice y pulgar juntos tiró de la cremallera del chubasquero de su novio lentamente hacia abajo. La piel desnuda del chico fue asomando, pues entre el calor del verano y que sabían a lo que iban, el chico sólo llevaba ropa interior bajo el chubasquero. Al igual que ella.

Por lo cual, cuando hubo desabrochado la mitad del chubasquero pudo tocar el torso liso y fuerte de su novio y disfrutarlo.

Sin embargo, él fue mucho más lanzado. También le bajó la cremallera hasta verle los pechos, pero en vez de limitarse al tacto, se los lamió y mamó su pezón hasta ponerlos turgentes y erectos.

Besó el contorno de las enormes tetas y fue bajando hasta llegar a su ombligo, que besó e hizo cosquillas para arrancarle una carcajada.

Sabía perfectamente que aquello aún la pondría más caliente.

Un ruido sonó en la distancia, como un paso, pero ninguno de los dos pareció oírlo. Estaban demasiado ocupados con su calentura para dar importancia a un ruidito insignificante.

Ryan terminó de deslizar la cremallera de su único abrigo hasta dejarlo caer y ver sus bragas negras de encaje.

Los labios del chico jugaron en la base de la vagina estimulándosela y provocándole gemidos agudos. Antes de darse cuenta le bajaba las bragas y metía su lengua por el orificio y profundizaba.

Allison puso las manos en la cabeza del chico y apretaba para que este entrase hasta el último milímetro de su lengua dentro de su sexo.

Empezó a sudar del placer y se llevó las manos a los pechos, que se acarició con suavidad para entrar más en el camino al éxtasis.

Diez minutos le llevó que ella llegase al clímax y cuando estaba a punto un susurro desde la lejanía llegó a oídos del chico, quien se paró en seco y se volvió.

-¿Hola? –

Tardó segundos en reaccionar, pues no estaba seguro de lo que había oído, seguro que algo proveniente de la tormenta.

-¿Qué pasa?-

-Creo que he oído algo-

 

 

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Disponible ahora! El Comienzo (Jovenes Inocentes 3) por David González

El Comienzo

David González

Serie: Jóvenes Inocentes, Libro 3

Género: Horror. Tráfico sexual juvenil masculino. Intriga. Policiaca. Tortura. Asesinato

Longitud: Super novela

El recuento de palabras: 86128

recuento de páginas de libros electrónicos: 365

precio: 4.99 USD

 

Portada: Javier Barragán

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Se habla de tráfico sexual con mujeres. Pero nunca con chicos. Y existe. Más de lo que creéis. Conoces el Boys Club. Lo que hacen a los chicos. Pero no cómo comenzó todo…

Año 1993. Jack es un joven con una fuerte fijación con el torso juvenil y masculino. Tiene la fantasía de someter a un chico joven y hacerle daño. Cuando su madre fallece dejándoles a su hermano y a él una importante herencia no dudará en abrir una discoteca exclusiva para chicos jóvenes y guapos donde sea obligatorio ir sin camiseta y ser accesibles. Será el comienzo de una obsesión, una locura y una oscura fantasía que será el principio de años y años de vejaciones, abuso y tráfico sexual de jovencitos.

Paralelamente también conoceremos la historia de una joven Kathleen desesperada por salir de su desestructurado hogar, la española Lydia sufriendo un altercado en Londres, un reputado cirujano que se dedica a tratar a jóvenes latinos con enfermedades de transmisión sexual con raros fetiches así como diferentes historias de personajes con un mismo nexo común: el Boys Club. 

Tercera y penúltima entrega de la saga Jóvenes Inocentes, que explica cómo comenzó todo y da lugar a los sucesos que ocurren en la primera entrega.

Extracto:

  • UN IRREFRENABLE DESEO

Año 1986.

 

Jack lee tranquilamente una revista, sentado en el césped del Hyde Park. A pesar del día nublado, hace bastante calor. La temperatura oscila los treinta y cuatro grados. El césped está verde y precioso.

La revista es de cine y en él se muestran diferentes personajes del mundillo. Jack, a sus diecisiete años, es un apasionado y entendido de ese mundillo. Siempre le ha gustado la actuación y le gustaría dedicarse a ello. Sueña desde pequeño con convertirse en una estrella de renombre, uno de esos chicos jóvenes tan guapos que salen en todo tipo de películas y series para adolescentes como 90210 o Melrose Place y que tanto le gustan.

Jack es joven pero no precisamente guapo. Y es consciente de ello.

Su vida nunca ha sido fácil, pues ha pasado de hogar de acogida en hogar de acogida y le han quedado secuelas.

En primer lugar su madre murió al darle luz y su padre, un alcohólico mujeriego cuyo embarazo fue no deseado, se lavó las manos y lo dejó en la puerta de una iglesia, dentro de una cesta.

No se preocupó nunca de él y a día de hoy sigue en la misma línea.

Lo adoptó una solitaria y encantadora –aunque estricta– anciana hace años y desde entonces parece estar más asentado.

Le da su paga semanal y ciertos caprichos.

Pero su físico poco agraciado, su extrema delgadez y su carácter excesivamente tímido y retraído, no le ayudan mucho. Por lo que su sueño de ponerse ante una cámara, si no es para un papel sencillo, es un tanto difícil.

Jack, con sus horribles e indecorosas gafas de culo de vaso negras, sus patillas largas y descuidadas y su vestimenta casi arraigada que le proporcionan un aspecto desaliñado, no es atrayente tampoco de amigos.

Pasa la mayor parte del tiempo sólo, en compañía de algún animal al que alimenta si ve por la calles, o leyendo. Le gusta mucho acudir a los parques cuando no hay nadie e ir semanalmente al cine.

Un actor de la revista, que acaba de firmar su tercer contrato con Steven Spielberg, le devuelve la mirada sonriente.

El chico es muy hermoso, y como máximo tiene dieciséis años.

Si ese joven puede estar rodando, ¿por qué él no?

Le admira y se quiere parecer a él como sea. ¿Quizás debería tomar clases de actuación?

¿Se lo permitirá la señora Piers? Le tiene mucho respeto a su tutora legal, quien le ha adoptado y entregado a mejor vida, pero también mucho cariño. Intentará hablar con ella, a ver.

Jack mira la hora y comprueba que en poco rato caerá la noche. Para que no le pille en la calle, cosa que la señora Piers le tiene prohibida para evitar que le pase nada, cierra la revista, se levanta, se arregla la ropa, se coloca bien las gafas y decide salir del parque a paso tranquilo pero directo.

Viste manga corta y pantalones cortos, aunque no va precisamente a la moda.

No tarda mucho en salir del parque. Su casa queda a quince minutos de allí, por lo que decide dar un paseo. Hoy no cogerá el metro.

Por el camino ve a los lejos gente caminando y a medida que avanzan resultan ser un grupito de chicos. Jack odia los grupitos, pues siempre le acosan o se meten con él.

Nunca los ha soportado por el simple hecho de que los considera unos cobardes, ya que no recuerda ni una sola vez que hayan intimidado a alguien por privado. Siempre varios juntos a la vez. Si no, son incapaces.

Pasa es que él es muy simplón y no les puede hacer frente.

Sólo dos de ellos ya lo reducirían a nada en un momento. ¡No digamos un grupo!

Jack intenta disimular su inquietud respecto a ellos y finge ojear la revista.

Pero justo al pasar al lado de ellos, un graciosillo le da tal manotazo que le tira la revista al suelo.

Jack se para en seco, resoplando. Les mira brevemente y se aguanta las ganas de darle de ostias.

  • Ey, atontao, ¿tu vieja te deja ir sólo a estas horas por la calle?– le pregunta despóticamente uno de ellos.

Jack no responde. Se limita a recoger la revista y sostenerla en la mano. Pero antes de poder hacer fuerza otro gracioso del grupito se la vuelve a tirar al suelo.

No son mayores de dieciocho años, pero algunos parecen armarios por los brazos fuertes y las pintas de matón.

Esta vez la revista cae abierta en una página de un actor posando sin camisa. Automáticamente todos se ríen y confunden los hechos.

  • ¿Eres mariquita, Jack?–se burla el portavoz del grupo, que además de conocerle del barrio han compartido clases durante años.

Él, en el fondo, siempre ha sabido o mejor digamos ha sospechado que es homosexual. Le encanta mirar en los vestuarios a sus compañeros cuando se están cambiando, siempre con el disimulo.

Y cuando va por la calle no duda en echar un ojo a algún guapo chavalillo. Pero jamás se ha preguntado de dónde viene esa sensación y por qué.

Tampoco está muy bien visto “ese tema´´ y prefiere no hincar el diente.

Resignado a oír esa palabra, rechaza interiormente esa acusación y decide simplemente ignorarlos.

Entonces el mismo cabecilla del grupo agarra la revista nuevamente, y esta vez arranca sin piedad esa misma página ante la rabiosa mirada de Jack.

La furia se refleja en su rostro. Los demás ríen. Pero no hace nada.

Mira la revista, mira a los compinches, titubea, pero nada.

  • Vamos valiente, atrévete…– le retan.

El chulito está deseando que tome iniciativa, aunque en el fondo sabe de sobras que no hará nada.

Finalmente se cansa, devolviéndole la revista. Jack la recoge en sus manos y la apoya en su regazo. Parece por un momento tranquilo.

De repente alza la cabeza, coge impulso y le escupe con todas sus ganas en la cara dándole de lleno en el ojo.

  • ¡HIJO DE PUTA!– grita el más mayor de todos.

Jack sonríe satisfecho de su hazaña, de su atrevimiento. No se veía capaz de hacerlo. Pero la alegría le dura bien poco, pues el herido en el ojo hace el amago de cogerle y Jack se escurre entre sus brazos, echando a correr en el acto.

  • ¡A por él!– grita el cabecilla.

Jack, amarrando con fuerza la preciada revista contra el pecho, se lanza como un desesperado a la carrera.

Bordean diferentes calles a lo largo de un kilometro sorteando vehículos y algún peatón que les recrimina las formas.

Jack suda como un cerdo mientras los demás le pisan los talones, pero no está dispuesto a que le cojan, pues si lo hacen, probablemente la reprimenda sea grande y acabe con un ojo morado.

Por suerte para él, un autobús se inmiscuye en el trayecto de ambos corredores y consigue dar tiempo a Jack a esconderse, obligando así mismamente, a que los acosadores frenen en seco.

Cuando al fin el autobús retoma su marcha, unos veinte segundos después, no hay rastro de Jack a simple vista.

Miran cerca de ahí, un callejón, dentro de los cubos y en los rincones. Nadie.

Dándose involuntariamente por vencidos, dan media vuelta jurando que lo atraparán en otra ocasión y le darán su merecido.

El más grande y chulo de ellos, el afectado en el ojo, quien está empapado en sudor, se quita la camiseta blanca de tirantes y la zarandea al aire cual striptease declarando a los amigos:

  • Eh, vamos a colarnos de nuevo en la piscina…–
  • Sí, claro.
  • Eso, eso…– es apoyado por los demás.

En menos de un minuto el callejón queda totalmente desertado.

Al fondo del callejón, dos bolsas de basura negras se mueven solas y de entre ellas aparece un apestado y desaliñado Jack, más aún si cabe.

Como mínimo ahora está tranquilo y seguro de que está solo.

Retrocede sobre sus pasos y se dispone a tomar rumbo de nuevo a su casa cuando otro autobús le alcanza por pocos centímetros de diferencia, el conductor toca el claxon para alertarle, y el automóvil aminora la marcha hasta detenerse a pocos centímetros de distancia.

La puerta se abre y un chico sale por ella, bajando el enorme escalón. Va cargado con una mochila e hipnotiza todos los sentidos de Jack.

Jamás en su vida ha visto cosa más hermosa, probablemente el chico más bonito que se ha cruzado en su vida.

Debe tener unos quince años, o a punto de cumplirlos. Es rubio, con el pelo en capa, tapándole el flequillo parte de la frente, y sus ojos son de un azul intenso.

Viste manga corta negra, tejanos largos y bambas.

Lleva colgada al hombro una mochila de deporte de marca.

El mundo se detiene en ese momento para Jack. Es precioso, le encanta, siente hormigueos en el estómago y algo ahí abajo ha despertado.

El chico mira un papel que sostiene en la mano y que Jack identifica como un mapa, pero parece perdido.

¿Y si le echa un cable? ¿Se atreverá a preguntarle?

Jack medita la forma de acercarse y preguntarle. ¿Y si finge tropezar y con la disculpa le pregunta?

No, demasiado rebuscado. ¿Y si le ignora y espera a que el otro le diga algo?

Pero el destino se lo pone más fácil todavía.

  • Perdona, ¿me podrías ayudar? No vivo por esta zona, y voy un poco perdido. Voy a casa de mi tía y no sé encontrar la calle…–

¡Por dios! Hasta la voz es de un ángel. ¡Ufff! Es que le besaba ahí mismo.

  • Será un placer. ¿Qué calle buscas?– pregunta Jack con una forzada pero encantadora sonrisa.

Se pone a su altura y aprovecha para mirarle detenidamente los ojos, la boca, sus hombros…

  • Gracias, te lo agradezco. Soy Erik–
  • Jack–
  • Es esta calle– le señala el mapa.

Jack le reconoce en seguida y sabe dónde es. Pero decide improvisar y seguir una vocecita interior. Le lleva al sentido contrario, directo al callejón.

Mientras inician la marcha, Jack escucha marcharse el autobús y resulta no haber ni un alma en la calle.

 

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Disponible ahora! Jóvenes Promesas por David González

Jóvenes Promesas

Género: Terror homoerótico y ficción sobrenatural

Longitud: Novela corta

David González

El recuento de palabras: 24718

Precio: 2.99 USD

Martín es un experto en magia negra que usa sus conocimientos para elevar las carreras de los chicos a lo más alto. El problema es cuando los chicos tienen la fama subida y le traicionan, cosa que le hará vengarse usando artes oscuras para que prueben su propia medicina.

La octava novela de David González pretende, a través de una obra de ficción, mostrar el mundo a veces sectario de Hollywood y como los que tienen el poder deciden el destino de los principiantes que acatan o no sus órdenes.

Portada: Javier Barragán

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Extracto:

Marcus sonríe sin parar ante los flashes de las cámaras. Los periodistas están como locos con él.

Es un actor jodidamente guapo, de tan sólo dieciocho años, nominado al Óscar por su impecable interpretación en la película Destinos Oscuros, donde se mete en la piel de un joven problemático que es falsamente acusado y chantajeado.

No solamente ha sido su mejor actuación sino que ha rodado escenas de alto voltaje donde ha mostrado su cuerpo en todo su esplendor, lo cual ha incurrido en provocar más éxtasis -si cabía aún- en sus fans; locas adolescentes que han llenado las salas deseosas de ver su escultural cuerpo juvenil en pantalla grande.

Marcus es un chico engreído, creído a unos niveles máximos– cosa normal, pues siempre ha escuchado de todas partes lo guapo que es– y el pasado año su vida cambió radicalmente al conocer al productor y representante de actores Martín González, un cazatalentos de treinta y cinco años, que tiene un don para elegir actores.  Chico que escoge, chico que prepara y es lanzado a nivel mundial con muchísimo éxito.

Martín conoció a Marcus un año atrás y tras varias pruebas le dio papeles que marcaron su vida.

Le debe todo a él. Y lo sabe. Lo malo es que la fama muchas veces hace que los actores se crean que ya están por encima de los que les tendieron la mano cuando comenzaban.

Es el estreno en Nueva York de la película, tras pasar por varios países y obtener importantes nominaciones. Y Marcus está encantado, como siempre, de ser el centro de todas las miradas.

Viste corbata, camisa negra y americana de Armani. Perfectamente peinado y con su habitual sonrisa melosa capaz de derretir a toda chica y mujer, se abre paso entre la multitud de fans y fotógrafos que se pelean por sacarle una foto en la alfombra roja.

–Marcus, mira aquí, por favor– le grita un fotógrafo.

–Marcus, aquí, una sonrisa– le pide otra.

Los gritos de las fans, pidiéndole fotos y autógrafos, ensordece la magnífica noche que hace, un tanto acalorada.

Tras un buen desfile y lo que le parecen millones de fotos en minutos en el Photocall, al fin el equipo entra en el cine y la película es proyectada.

Al terminar, la opinión del público y la crítica es unánime. El cabrón de Marcus ha bordado el jodido papel, el Óscar se lo dan fijo.

Y encima las chicas están encantadas de haber visto sin filtros su cuerpo, pues tiene alguna que otra escena en la ducha y dos eróticas no precisamente cortas, donde en una de ellas, tiene un desnudo integral tras echar un buen polvo a una chavala a quien provoca diversos orgasmos en minutos.

–Marcus, por favor, Diana Sánchez, de Cine magnífico para gente magnífica. ¿Cómo te has sentido al interpretar las escenas de sexo y que el público te vea totalmente desnudo?– pregunta la periodista, con una sonrisa muy forzada.

–Bueno, Diana, pues la verdad es que al principio un poco cortado pero después me sentí muy cómodo. Las escenas estaban muy justificadas y además me han ayudado mucho a ampliar mi público, me han ofrecido muchas portadas en las más importantes revistas.

–¿Entonces dirías que también harás carrera como modelo?–

–Por supuesto. No me cierro a nada. Si la gente quiere ver mi cuerpo no seré yo quien les prive, ¿no crees, encanto?–

Diana sonríe como una niña tonta ante la sonrisa “tira caña´´ del chaval, que bien podría ser su hijo.

Marcus sabe perfectamente cómo camelarse a la gente, siempre lo ha sabido.

Tras las diferentes preguntas, todo el reparto se va de fiesta a un club privado y muy exclusivo, donde Marcus dispone de barra libre, un reservado  con todos los lujos disponibles y pista de baile exclusiva para el equipo de la película.

Claro que siempre se acaba colando alguna fan deseosa de fotos o una copa con el Don Juan. Marcus aprovecha esos momentos para ligar. No sería la primera que se lía con hasta cinco o seis fans en una noche para después echar un buen polvo en el hotel.

Aunque ello conlleve después dormirse y llegar tarde a otra presentación –ya le pasó una vez.

Marcus se quita la chaqueta y la corbata y desabrocha un tanto la camisa por el calor en la pista de baile, lo que provoca gritos de un grupito de fans.

Marcus se ríe. Le encanta la atención.

Baila con cada una de ellas, al principio de buen rollo, para después acabar metiendo la lengua hasta la garganta a todas ellas, aunque alguna sea claramente menor de edad, pero no es problema suyo.

Una de ellas, le mete la mano dentro de la camisa y toca su torso a pesar del sudor. Marcus coge su mano y la lleva al paquete. Ella se ruboriza.

Diez minutos después están encerrados en el lavabo y besándose como si el mundo se fuera a acabar.

Marcus le quita toda la parte de arriba hasta dejarla en sujetador y besuquea su cuello.

Ella disfruta pero también parece mareada. El chico, que está súper excitado, le da la vuelta pretendiendo tener sexo anal con ella, pues le encanta.

Pero la chica empieza a estar afectada de las bebidas, el humo, el calor, el baile, alguna que otra sustancia más y acaba devolviendo.

Se le baja completamente al chico y con una mueca de asco se va dejándola sola, sin importar si está bien o no.

-¡Qué asco, joder!- exclama el actor totalmente indignado.

Decide irse al hotel para buscar diversión alterna y por el camino se topa con una chica negra, muy guapa, que lo mira con ojos lujuriosos.

-¡Dios mio, Marcus Hyde! ¡Soy tu fan número 1!-

-Gracias- responde el chico con una sonrisa forzada, con la frente muy sudada, deseando irse.

-¿Puedo invitarte a una copa?-

-Hmmmm…. La verdad es que acabo de tener un desafortunado momento y ya me iba.

-Vamos, guaperas, no me dejes así. Te he visto en pantalla y quiero probar eso que te dio la madre naturaleza…

La chica le toca el paquete y la hinchazón vuelve al momento.

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Disponible ahora! Homófobo por David González

Homófobo
David González
Género: LGBT; Terror, Problemas sociales
Longitud: Novela corta
Número de palabras: 17637
№ páginas: 84
Precio (dólares americanos):
Formato: libro electronico
Precio: 2.99 USD

Portada: Javier Barragán

Robert es un hombre retraído y distante, con un profundo odio a los homosexuales, a quienes humilla, tortura y asesina violentamente en pleno apogeo de las fiestas del Pride en este pueblo, Sitges, donde trabaja como empleado y segundo jefe de un hotel.
En la semana del Pride, diferentes personajes entrarán en su vida, quiera él o no.
Dani es un chico bajito y muy atractivo con quien Robert entablará una extraña amistad que le hará cuestionar todas sus ideologías y creencias.

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Extracto:

Cojo el volante con suavidad pero al mismo tiempo decisión. Conduzco a lo largo de la carretera. Es de noche. Mi Ford Fiesta oscuro destaca en el asfalto.

Son poco más de las doce de la noche y ahora mismo Sitges es un hervidero de auténticas mariconas salidas y putas.

Digo putas por decir el término correcto que se entienda, porque son tíos.

Voy de camino a una zona poco transitada y muy gay, una cala conocida aquí como l’Home Mort, que es nudista. La cual se llena de maricones en seguida.

Y más aún en estas fechas de veraneo, en pleno agosto.

Lo sé bien, ya no sólo porque llevo toda mi vida viviendo aquí sino porque además trabajo aquí, en un hotel y conozco este pueblo como la palma de mi mano,

Con el brazo izquierdo apoyado en la ventana izquierda sostengo entre el dedo índice y el corazón un cigarro, mientras con la mano derecha manejo el volante.

Por el camino, llegando a una rotonda, paso por los ladeos de un bosque que habitualmente es una zona de cruising distinguiendo a lo lejos una manada de putitas agachadas comiendo pollas a oscuras, otras con el culo en pompa suplicando que se los follen y otros comiéndose la boca con otros chicos.

Lo peor es que hay de todas las edades, desde jovencitos hasta viejos enfermos.

Veo un travesti haciendo la esquina de la rotonda, muy bien vestida pero tan maquillada que me entran ganas de escupirle  a la cara.

¿No le da vergüenza ir así por la calle?

Llego hasta un chico que debe de tener unos veinte años, es rubio y muy guapo. Aminoro el coche y me detengo suavemente a su lado.

Bajo la ventanilla del co–piloto y se arrima a ella hasta verle los ojos.

Me pregunta si quiero compañía, le miro de arriba abajo y no puede parecer más puta. Pantalón tejano corto, camiseta de tirantes abierta por los costados que se le ve el pezón y un piercing en la nariz que en parte hasta le queda bien.

El chaval es guapete pero me da vergüenza ajena. Me da una arcada cuando me sonríe picaronamente y entonces le espeto:

–Me das pena chaval, ¡pareces una puta yonqui come pollas!

Me va a contestar y antes de dejarle hacerlo le lanzo el cigarrillo que le da de pleno en el pecho. Se echa para atrás, insultándome.

Cambio la marcha, me río, acelero el paso. Desde el retrovisor central le veo gritarme a lo lejos dando patadas al aire, impotente.

Doy varias vueltas viendo diferentes esperpentos y shows sexuales en directo hasta que me decido por volverme a casa. Daré la vuelta a la rotonda y a dormir.

Pero cuando estoy llegando a la tercera salida algo me llama la atención.

Un chico latino, sentado en el césped de la rotonda, con cara de aburrimiento.

Me las apaño para volver a dar la vuelta y frenar justo a su lado.

Me lo quedo mirando intrigado desde el coche. Es muy joven, viste camisa negra, tejanos claros, bambas y un pendiente brillante, pequeño y redondo en su lóbulo derecho.

El corazón me da un pálpito extraño. Tiene la tez muy morena, pero sin ser negro. Es latino. 

Me decido impulsado por la curiosidad. –¿Cuánto cobras, latino?–

–Depende. Veinte euros la mamada, cuarenta el completo.

No le pienso pagar una mierda pero me llama la atención su persona y le indico que entre al coche. Se levanta y viene.

Retomo la marcha; conduzco de nuevo hacia la playa.

Le miro de reojo, lo noto nervioso. Le doblo y supero su edad. Y es evidente que tengo muchas más pasta y clase que él.

No logro entender cómo un chico de su edad hace la calle tan joven. ¿Es un inmigrante? ¿Le han echado de casa? 

–¿Cuántos años tienes?–

 

–Dieciséis años cumplo esta semana– me contesta tras pensarlo mucho.

Tiene una voz dulce y bonita. Me encanta sus labios al hablar, finos y delgados.–¿Por qué haces la calle tan joven? ¿Estás sólo?–

 

–No te lo tomes a mal, pero prefiero no hablar de mi vida privada. Te aseguro que no hago esto por gusto.

Su respuesta me sienta mal, pero por otra parte le entiendo, aunque el tono no ha sido descortés, me ha tocado un poco los huevos.

Le hago ver que yo llevo el control de la situación, no él. Y decido ponerme en plan cliente estricto y sin perder el tiempo.

–Quítate la camisa– le ordeno.

Él obedece dándose cuenta que quizás me ha dado una contestación incorrecta. Me encanta ver cómo se desabrocha los botones uno a uno, con sumo cuidado, como si fueran delicados. Y la dobla colocándola cerca suyo como para no arrugarla.

Llegamos  a una zona tranquila de playa algo apartada que está desierta. Oigo el ruido susurrante del mar, que me encanta.

Me saco el paquete de tabaco de los pantalones y me enciendo otro cigarro.

Me lo quedo mirando admirando su cuerpo.

Tiene el pecho liso, moreno, depilado natural. Noto una pequeña palpitación en mi paquete e intento disimularla poniéndomela recta.

Pero el chico lo ha visto y se ha dado por aludido.

–Veo que eres un poco tímido. Así que mejor voy a dar un pasito más…

Me dice esto como si fuera a darme un beso en la boca. Por suerte para mí se frena a tiempo y me mira los labios.

El niñato este me está poniendo nervioso. Su mano la lleva a mi entrepierna y la toca. El hijo de puta ha conseguido empalmarme, y eso no me gusta nada.

–No me toques…–

El chico nota que a pesar de mi tono me he excitado y decide seguir adelante.

Sin dejar de mirarme a los ojos, me baja la cremallera y me la saca.

La tengo muy dura pero no muy grande. Él no dice nada del tamaño, finge que no le importa. Puta maricona, ya desde joven sabe mentir bien; hacer su trabajo de zorra por el que en realidad le pagan poco.

Se agacha y se la mete de lleno en la boca.

No puedo negar que me está gustando, el niñato se lo está currando y se nota que no es la primera mamada que hace, pero que me agrade sólo logra ponerme más nervioso, furioso.

Sigue así cinco minutos y noto que estoy a punto. Le ordeno que pare sin obedecerme. Lo repito. Sigue igual. Estoy a punto.

Le doy una fuerte colleja en la nuca y para en seco.

Le he hecho daño y se incorpora con los ojos brillantes. –¿Por qué me pegas, tío? Si te lo estoy haciendo bien…

 

–¿Estás sordo o qué, puta maricona? Te he dicho dos veces que pares…

 

–Oye, no hace falta que me insultes, eh–

 

–Te diré lo que me salga de la punta del nabo, ¿te enteras? –

Y le cojo de los pelos en señal de poderío.

Me saca una navaja del trasero y me apunta con ella. Me parto de risa.

Yo saco mi pistola de la guantera con la mano izquierda sin que se percate.–Tira eso de inmediato. ¡Venga!– le digo.

 

–Es de mentira– me dice la maricona.

Menos mal que la ventana estaba bajada, porque disparo para que compruebe mi amenaza y se levanta arena del suelo de la playa.

El chico ahora está acojonadito. Y eso me pone aún más. La tengo muy dura.

Tira la navaja y me suplica llorando que no le haga daño.

Pero ahora quiero divertirme a su costa, pues me ha provocado.

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¡El autor de Kokoro Press, David González, gana un premio enorme en un festival de cine!

Aquí en Kokoro Press, nos mantenemos al día con los logros de nuestros autores, sin importar en qué campo se encuentren además de escribir. Son un grupo de personas muy talentosas y, como una madre orgullosa, Kokoro Press quiere mostrarlos al mundo.

Esta vez, es nuestro autor, David González. Puede que conozcas a David como el creador de la serie de ficción oscura, urbana y escalofriante, Jovenes Inocentes aquí en Kokoro Press, que rastrea la búsqueda desesperada de un joven por su hermano que ha sido secuestrado por traficantes de sexo, o por cualquiera de sus otros obras que también exponen la cruda oscuridad de temas sociales como la homofobia, la violencia sexual contra y la trata de personas jóvenes (El Reformatorio, Homofóbia,) Pero David también ha sido director de cine y responsable de Young Talents Films, produciendo decenas de cortometrajes películas que exponen los problemas que necesitan una mayor exposición.

Las películas de David también han ido acumulando premios en el circuito de festivales de cine, en reconocimiento a su guión, dirección y temática. Más recientemente, su cortometraje Chapero ha obtenido recientemente dos prestigiosos premios, Mejor Cortometraje de Crítica Social en España y el Premio Voz de la Denuncia en Venezuela.

Chapero se centra en Ismael, un adolescente gay de 17 años cuya madre lo echa cuando lo pilla con otro chico. En las calles, Ismael se ve obligado a vender sexo para sobrevivir y es vulnerable a peligrosos depredadores sexuales. La película es oscura y directa, sin reprimirse de la fealdad de la depredación sexual y la fragilidad de los jóvenes homosexuales para abusar cuando su familia los rechaza. Recientemente, Chapero fue criticado por las críticas que calificaron la película de pornografía, confundiendo la representación gráfica del sexo en la película como gratuita. YouTube había prohibido la película, pero la postura firme de David y su lucha por limpiar el nombre de la película hicieron que se restableciera.

Como editor de David, aquí admiramos su inagotable energía, pasión y dedicación a su trabajo. Estamos orgullosos de ser parte de su vida creativa y lo amamos. Su nerviosismo como artista solo se ve reforzado por su buen carácter y calidez. Esperamos que vea sus libros aquí en Kokoro Press y sus películas.

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Kokoro Press Author David González Wins A Huge Film Festival Award!

Here at Kokoro Press, we keep up with our authors’ accomplishments, no matter what field they are in aside from writing. They are a most talented bunch of folks and like a proud momma, Kokoro Press wants to show them off to the world.

This time, it’s our author, David González. You may know David as the creator of the dark, urban, chilling fiction series, Young Innocents here at Kokoro Press, that traces the desperate search of a young man for his brother who has been abducted by sex traffickers, or by any of his other works that also expose the raw darkness of social issues such as homophobia, sexual violence against and human trafficking of young men (El Reformatorio, Homofóbia,) But David also has been a film director and head of Young Talents Films, putting out scores of short films exposing the issues in need of more exposure.

David’s films have also been racking up awards on the film festival circuit, in recognition of his screenwriting, direction and subject matter. Most recently, his short film, Chapero has recently garnered two prestigious awards, Best Social Critic Short Film in Spain and the Voice of Denunciation Award in Venezuela.

Chapero focuses on 17-year old Ismael, a gay teenager whose mother throws him out when she catches him with another boy. Out on the streets, Ismael is forced to sell sex for survival and is vulnerable to dangerous sexual predators. The film is dark and direct, not holding back from the ugliness of sexual predation and the fragility of gay youths to abuse when their family rejects them. Recently, Chapero came under fire from criticism branding the film as pornography, mistaking the graphic portrayal of sex in the film as gratuitous. YouTube had banned the film but David’s firm stance and struggle to clear the film’s name has resulted in its being reinstated.

As David’s publisher, we here admire his endless energy, passion and dedication to his work. We are proud to be part of his creative life and we love him. He is kind and compassionate and his edginess as an artist is only enhanced by his good nature and warmth. We hope you will check out his books here at Kokoro Press and his films.

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Disponible: Sádico (Una novela corta) por David González

Sádico
David González
Género: Horror, Asesino en serie
Longitud: novela corta
Precio: 2.99 USD

Portada: Les Byerley

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Portada: Les Byerley

A una edad en que la mayoría de los adolescentes quieren conducir un auto, Clay quiere matar. Clay es atractivo, encantador, manipulador, sexualmente muy activo y profundamente obsesionado por el dolor y la sangre. Las mujeres que se encuentran con él … están perdidas. Cuando las autoridades finalmente se den cuenta de que es un peligro real para la sociedad … puede ser demasiado tarde. Y la cacería está en marcha…

Extracto:

Clay Boston llegaba a la puerta de la discoteca, la tercera aquella noche,
junto a sus colegas. El líder, a sus dieciséis años, tenía mucho vivido y mucha
experiencia en la vida. Con el cabello castaño abultado y el flequillo largo
reposando sobre la frente, chaqueta de cuero negra y vaqueros, el guapísimo
chaval siempre tenía el control y el mundo a sus pies.
–Espero que de ésta disco no nos echen, tíos– decía Justin, uno de sus dos
colegas, de aspecto cani como Clay pero no tan guapo.
–No os preocupéis, chavales. A la tercera va la vencida– aseguró Clay con una
sonrisa de seguridad.
Mientras la gente –la mayoría juventud muy bien arreglados– esperaba en la
cola para entrar, Clay y sus colegas se saltaban la cola ante los ojos de la
multitud y se colaban con todo el descaro.
El tipo de la entrada lo dejaba pasar con total pasividad. Clay sabía siempre
dónde acudir, a quién y cómo. No estaba acostumbrados a un “No´.
Siempre que quería algo, tarde o temprano lo terminaba consiguiendo, ya
fuera por la labia o empleando la violencia. Otras veces usando sus propios
atributos físicos. Pero ojo, solamente disponible para mujeres, eh, que
conste.
La música teckno sonaba con fuerza en la pista mientras centenares de
personas contorneaban sus cuerpos. Algunas chicas se habían animado y
bailaban con la parte de arriba descubierta, en bañador o sujetador.
Clay podría decir perfectamente que era uno de los chicos más guapos en
aquella discoteca. Su bien sus colegas también lo eran, serían más bien los
que se quedaban con las sobras, las feas, el segundo plato de la noche.
Las chicas más guapas siempre se las llevaba Clay. Después, y siempre con el
consentimiento del chico, sus colegas podían acceder a lo que quedase libre.
–Ponme una copa bien cargada– le decía en la barra Clay a la camarera, que
ya lo conocía de sobras.
La chica le miró con desconfianza, pues esperaba que por una noche no diera
problemas. Pero le sirvió la copa.
Clay dio un buen trago y echó un vistazo a la sala. No tardó ni tres minutos en
encontrar miradas femeninas sonriéndoles, algunas bailándole
provocativamente.
El chico sonrió. Ya tenía fichada a una chica muy guapa que le sonreía como
una tonta. Era bastante joven y menudas tetas tenía.
El chaval dio un trago a su bebida y se acercó a la pista sin avisar a sus
colegas, dejándoles solos. La chica lo recibió con ganas y ambos se
enfundaron en un baile sensual que acabó con Clay metiéndole la lengua
hasta la faringe y empalmado.
La chica le besaba más apasionadamente que sexualmente, y acariciaba la
nuca del chico con su mano derecha. Besaba muy bien aunque con quizás
demasiada efusividad. Clay sin embargo no se cortaba un pelo y entre
profundos morreos tocaba lascivamente sus pechos e introdujo su mano en
el pantalón.
–No seas malo…. – le dijo ella esbozando una boba sonrisa y quitando la
mano del chico de su entrepierna.
–Sígueme, nena– le dijo Clay llevándosela de la mano.
La amiga de la chica la siguió con la mirada, contenta de que su colega
hubiese ligado. Los amigos de Clay le miraban con falsa alegría, en realidad
envidiosos de que nuevamente hubiera tardado nada y menos en encontrar
una chica a la que llevarse al lavabo.
Clay llegó al lavabo de las chicas con su nueva conquista y se metieron en un
cubículo a pesar de varias quejas de dos chicas –que se pintaban los labios– a
los que el chaval hizo oídos sordos.
–¿Qué haces? No puedes estar aquí. Nos van a echar– dijo la tonta chica a
Clay divertida y excitada, sintiéndose traviesa.
–A mí nadie me dice dónde puedo estar. Tú disfruta–
Clay se la subió encima contra la pared del lavabo y la besó con fogosidad
renovada. Pero esta vez fue más allá. Sacó las tetas de la chica afuera para
tocarlas con ganas. Estaba muy cachondo. Se desabrochó el cinturón, el
botón, la bragueta….se bajó el pantalón. Deslizó las bragas de la chica…
–Espera, vas muy rápido…
–Venga, no me jodas. Los dos sabíamos a lo que veníamos…–le respondió
Clay con tal grado de excitación que no hablaba su cabeza sino su polla.
De repente se volvió más violento. El chico quería sexo a toda costa pero ella
forcejeaba para pararlo. Empezó a ponerse nerviosa. La bebida ingerida
tampoco ayudaba mucho.
–Por favor, para…. –
Clay ya tenía la polla fuera del bóxer y en breve la poseería.
–¡¿Qué coño está pasando ahí dentro?!– llamaron a la puerta con gritos.
Clay reconoció esa voz de inmediato. La zorra de la camarera.
–Nada. ¡Métete en tus asuntos, zorra!–
–¿Qué me has llamado?–
De un golpe se abrió la puerta cortándole por completo el rollo. A punto de
metérsela, Clay se vio obligado a subirse los putos pantalones.
La chica lloraba nerviosa. Había estado a punto de ser víctima de violación.
–¿De qué coño vas? ¿No ves que no quiere? Te ha dicho que no– espetó la
camarera furiosa cogiendo a la chica y apartándola de él.
–Yo no he oído eso. He oído sí. He oído: fóllame ya, Clay. Quiero sentir tu
polla dentro de mí.
–Eres un enfermo–suelta la camarera abrazando a la chica, quien está
llorando de los nervios.
–Venga, no seáis dramáticas. Solo le estaba dando lo que quería. Como todas
las chicas. Decís no pero estáis diciendo sí. Todas lo deseáis. Sois todas una
guarras– decía riendo.
–Tienes diez segundos para pirarte o llamaré a la policía–
–¿Quién va a echarme? ¿Tú?–
Clay desafiaba con mirada amenazante.
–Ella quizás no. Pero yo desde luego que sí–
Clay se volvió. En la puerta estaba el novio de la camarera.
–Madre mía, toda la cuadrilla aquí. ¿Cuántos necesitáis para echarme?
–Yo solo me sobro. Vamos…
El hombre puso la mano en el hombro de Clay. Y el chico no tardó ni un
segundo en reaccionar.
–No me toques, maricón–
Dos puñetazos fueron a parar a su cara. El hombre era más grande que el
chico pero Clay se enzarzó con todas sus fuerzas y parecía que fueran dos
chicos. Se inició una pelea que acabó con Clay en la calle, empujado y vetado
definitivamente de la discoteca. El hombre con el ojo hinchado y el chico con
el labio partido. Eso no le impedía reírse, triunfante.
Segundos después sus dos amigos salían detrás de él como dos perritos
falderos.
–¿Qué ha pasado, tío?–
–Nada, tío. Que aquí una tía te zorrea y le sigues el rollo y ya te acusan de
violación. Ahora entiendo a los de la manada. Pobrecitos. Hay muchas
guarras sueltas por la calle. Si no saben comportarse que se queden en su
puta casa. Claro que la culpa también la tienen los padres por permitir que
salgan así a la calle, provocando. Menudas zorronas.

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Disponible: Corrupción (Jovenes Inocentes, libro 2) por David González

Corrupción
Autor: David González
Series: Jóvenes inocentes, Libro 2
Geero: suspenso, ficción gay
Longitud: novella super larga
Percio: 3.99 USD

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Portada: Javier Barragán

Segunda entrega de la trilogía creada por David González. Adrián ha encontrado a Max y busca la manera de sacarlo de esa horrible red de tráfico humano.Pero no será fácil, pues hay una fuerte corrupción dentro del Boys Club y no puede fiarse de nadie; ni avisar a la policía ni contarle a nadie sus verdaderos planes. Adrián urde un plan desesperado para huir con su hermano, sólo que cada vez que da un paso adelante, un horrible descubrimiento le aleja más de la salvación. Adrián descubre la cara más perversa y corrupta de esa inhumana organización y los miembros implicados.

Paralelamente, el director de un reputado colegio católico es acusado de abusos sexuales por parte de un alumno,y el colegio tomará medidas para silenciar al chico a cualquier precio. Policías que abusan de su autoridad, Kathleen que sigue empañada en encontrar el amor, Karl desesperado por escapar de su secuestrador,y Brian, quien empieza a tener serios problemas con su madrastra Margareth, se enfrentarán a las situaciones más extremas por las que jamás hayan pasado. Jóvenes Inocentes, Corrupción trae de vuelta a Adrián, Jake, Jack, Kathleen, Max, Gillian y el Boys Club y profundizan en la más intensa corrupción con fuertes dosis de intriga, sexo, asesinatos, pederastia y giros inesperados que te mantendrán pegado al libro hasta el final.

Extracto:

Picadilly Circus está abarrotada de juventud. Chicos y chicas que beben de botellas, sentados y que charlan animadamente. Alguno ya va más bebido de la cuenta. A dos calles de esa juerga se encuentra el bar Beers, donde se sirven las mejores cervezas de Londres. Mark lo sabe perfectamente. Lleva mucho tiempo yendo a ese bar. A sus diecisiete años, es un chaval espabilado y que ha vivido bastante. El ser tan guapo le ha abierto siempre las puertas. Siempre ha conseguido lo que ha querido y sus padres nunca le han prohibido nada. Siempre ha vestido a la última, la mejor ropa para los diferentes momentos y siempre lo más sexy posible. Hace gimnasio diario, dos horas, en plan bruto. Su entrenador siempre le dice que es muy bruto, que se lo ha de tomar con calma, pero Mark siempre hace lo que quiere. Acaba sudando muchísimo pero cuando sale de la ducha en toalla y se mira al espejo reflejando sus brazos fuertes y sus pectorales marcados le entran ganas de liarse consigo mismo.
Lo mismo opinan sus novias. Todas las que han tenido aseguran que es un cerdo en la cama y que le encanta que se la chupen. Es muy morboso pero siempre le cuesta correrse. Por muy caliente que vaya siempre le cuesta. Siempre tiene que recurrir a imaginarse cosas para llegar al orgasmo. Su última novia le dejó porque le consideraba un borde en la cama. Parece que nunca estuviera satisfecho con ella. Su primera novia le dejó porque cuando le estaba haciendo felaciones, él la apretaba constantemente la cabeza contra el miembro a pesar de que ella le pedía que no lo hiciera, pues se ahogaba. Tal fue el modo que la agarró, que sin querer ella lo apartó y al sacársela deslizó los dientes en su miembro hiriéndole el frenillo. Encima, se enfadó mucho con ella.
Su segunda novia era virgen del ano y llevaba seis meses saliendo. Ella le dijo que no quería probarlo y él finalmente la convenció. Le prometió que iría despacio y lo hizo. Los primeros minutos. Cuando estuvo totalmente dentro, le dio tales embestidas sin siquiera avisarla que le desgarró el ano. Se vistió llorando, le abofeteó y se marchó. Por supuesto no volvieron jamás y ella cortó todo contacto con él.

Hace poco de eso. Y parece afectado. Y cuando está mal, con ganas de estar solo o pensar o simplemente desconectar va a ese bar, a encontrar unas horas de paz. Lleva ya tres cervezas y empieza a ir piripi. Su mejor amigo, quien siempre paga los platos sucios, Cameron, está sentado a su lado. Ambos, en sendos taburetes, en la barra del bar.
-Todas las tías son iguales. Van de estrechas y en realidad son unas guarras- declara Mark tras dar un buen trago a la fresca y deliciosa cerveza de botella que sostiene en sus manos.
-Hombre, tan poco es eso. Hay de todo. Simplemente tienes mala suerte con las chicas, o no sabes buscar lo que realmente necesitas. –asegura su fiel amigo.

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Disponible en español: Boys Club (Jóvenes Inocentes, libro 1) por David González

Boys Club
Author: David González
Jóvenes Inocentes Book 1
Genre: LGBT, Gay, Suspenso, crimen, problema social
Length: Novela
Word count: 26995
e-book page count: 63
price: 2.99 USD

Cover art: Argentina editorial

Cuando Adrián, un atractivo adolescente de diecisiete años, es testigo del secuestro de su hermano Max y descubre que va a ser sometido a una red de tráfico humano y abusos sexuales, decide infiltrarse en el Boys Club. Esta es la discoteca de chicos guapos másfamosa de Londres, donde encontrará trabajo y se verá inmerso en una complicada y peligrosa red de tráfico humano: pederastas, sexo, corrupción y asesinatos, en la que están implicados altos cargos y de la que le será muy difícil escapar. Con una fuerte e intensa tensión desde el principio, contada en primera persona basándose en sucesos reales y destacando su extremo detalle y violencia, esta novela te atrapará y dejará marcado.

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Extracto:

Me llamo Adrián y tengo diecisiete años. Soy moreno, con el pelo algo largo peinado de punta. Mis ojos son de color azul perla, muy bonitos. Voy a la piscina todos los días laborales, una hora al día, desde hace dos años. Por lo tanto, estoy en buena forma física. No es que esté musculoso, pero tengo brazos fuertes, un buen abdomen ligeramente marcado, y unos pectorales que sí saltan a la vista. No tengo un solo pelo en el cuerpo. Me depilo todas las semanas, y me lo depilo todo. Las axilas, el pecho, el culo, la polla, los brazos y las piernas. Así que en resumen soy, moreno, joven, diecisiete años, fuerte, atractivo y guapo. No es que quiera fardar, en serio, pero realmente tengo una cara bella, soy muy guapo y no me lo tengo creído, pero lo tengo más que reconocido. Desde luego no es un problema para ligar, bueno, según se mire. Si me quiere ligar una chica pues entonces sí, lo tiene bastante difícil, porque soy gay. No soy una locaza de esas chillonas, con pluma, aunque las respeto, pero no soy una. Soy un chico normal y corriente, pero con gustos diferentes. Aunque eso sí, soy un poco salido, de hecho bastante. Me encantan las pollas, lo reconozco. Si el día tiene veinticuatro horas, pues yo pienso en sexo al menos diez horas al día. Me gustaría follar todos los días un par de veces, pero lo tengo complicado, básicamente por el horario. Por las mañanas, de lunes a viernes, voy a la piscina de mi barrio (pequeña y sencilla, pero bonita y acogedora), y hago una hora de natación. Soy rápido, ágil y me como las calles yo solo. Llevo un bañador de lycra de color negro poco más largo que un bóxer, un gorro negro también de lycra y unas gafas de bucear nuevamente negras. Así que entre que todo es negro y yo soy moreno, pues como que voy muy oscuro. Pero a mí me gusta, y nadar.

Me encanta nadar, de hecho el agua es mi segunda casa, me siento muy a gusto cuando estoy en la piscina. Sobre todo si estoy solo. Estoy mejor. Van más chicos de mi edad y más grande pero no me hablo con ninguno. Los saludo por educación pero nada más. Voy mucho a mi bola, siempre he sido así. Bueno, siempre desde hace algún tiempo.
Tras mi hora de natación y pasar por las duchas en las que siempre que puedo miro con disimulo a algún chico, me enrollo la toalla y me seco en la misma ducha. Las duchas son individuales, las compartidas no me gustan, y si lo fueran, no me habría apuntado a esa. Sin embargo, no tiene puerta, están separadas por pequeñas paredes de metal que tapan la mitad del cuerpo.

Cuando ya estoy seco, me enrollo la toalla y entonces salgo. Abro mi taquilla y saco mi ropa. Lo primero que me pongo siempre son los calzoncillos, y después ya la camiseta (tras haberme echado el desodorante) y por último los pantalones. Normalmente llevo vaqueros oscuros, ya sean azules oscuros o directamente negros. Cuando ya estoy vestido por completo y peinado, recojo todo en mi mochila y salgo por la puerta al recibidor. Le digo adiós a la recepcionista que atiende a los clientes, que en ese momento está leyendo algo y empujando la puerta salgo finalmente a la calle.

Me pongo los auriculares y me pongo música mientras camino veinte minutos hasta mi casa. Llego a casa, deshago la mochila, me preparo la comida y como solo en mi habitación, viendo algo en el ordenador, en media hora. Me lavo los dientes, me arreglo un poco, me preparo dos botellas de agua y el bocadillo que me ha hecho mi padrastro en la mochila y salgo de casa. Camino un poco hasta que pasa un autobús, a veces lo cojo hasta el metro y otras veces voy directamente caminando.

Luego cojo el metro hasta Liverpool y a otros diez minutos está mi trabajo. Trabajo como vendedor de seguros telefónicamente desde hace un año, y soy bastante bueno. Somos nueve teleoperadores en total. Y de los chicos, soy el que más vende. Mi horario de trabajo es de tres a nueve de la tarde, con cincuenta minutos de descanso repartidos. Cuando salgo a las nueve, me vengo en metro hablando con los compañeros. Llego a casa sobre las diez y si tengo que hacer algo en la casa (platos o ropa o cena) lo hago, y si no pues directo a cenar. Ceno viendo una serie o una peli y después leo un rato. Normalmente libros de fantasía y aventuras. Actualmente leo Eragon, de Christopher Paolini. Después de leer me conecto un rato al Messenger para hablar con algún amigo y me conecto en general a Internet, buscando fotos de tíos buenos, vídeos de risa, bajándome música y película y viendo tráilers de películas. Relax, básicamente. Y por último, antes de acostarme, me tumbo en la cama, y me quedo escuchando música un rato. Normalmente, tumbado boca arriba o de lado, con los auriculares puestos, la música a nivel medio, en calzoncillos o pantalón corto o como mucho tirante negro; y relajado, suelo quedarme dormido con la música. No es que gaste mucha pasta en ropa, pero cada mes que cobro me compro unos calzoncillos, o vaqueros, o camisas o algo. Así cada mes desde hace un años y poco. Así que tengo bastante ropa de marca: Calvin Klain, Armani, Jeans, Dolce & Gabanna, Mango, Bershka, Zara, Pull and Bear, Stradivarius, Tommy Hilfiger, Lacoste, Nike, Adidas, Puma, Dior, Quick Silver, Lee, Lois, etc.

Ese es mi hacer entre semana.

Los fines de semana, que estoy íntegramente libre hago diferentes cosas. Los sábados me levanto tarde, porque el viernes he estado viendo películas y desayuno, barro y friego el piso con la música puesta. Me queda una hora o así en la que puedo hacer cualquier cosa y a eso de las dos y media me pongo a comer viendo otra película. Después me ducho y depilo en la misma ducha, con cuchilla. Me seco, visto y salgo. Suelo quedar por las tardes con chicos que conozco por chat para conocernos y tomar algo. Alguna vez incluso he llegado a enrollarme con alguno en la primera cita, pero poco más. Solo hubo dos casos que quedamos directamente en su casa y acabamos follando. Insistió en penetrarme y me acabó encantando. Siempre busco chicos de mi edad, o poco más grandes, como máximo de veintitrés años. Nos liamos, nos desnudamos y follamos. Una vez con un rubio, la otra fue con un moreno.
Sobre todo me encanta chupar la polla y que me follen bien follado. Se podría decir que soy un poco ninfómano y encima provocador, me gusta que me den caña. Pero como decía, solo fueron esas dos veces. Normalmente solo quedo en citas para cines, tomar algo o pasear con el único propósito de conocernos bien. Pero la mayoría de las veces no sale bien, el tío busca algo más o simplemente no me acaba de convencer. Yo me digo a mi mismo que quiero novio, pero a la hora de la verdad, soy el primero que no quiere ataduras, así que supongo que no sé exactamente lo que quiero. O sí, no quiero novio, ni tampoco sexo esporádico. A ver, si sale pues vale, pero tampoco se trata de ir de flor en flor. Quiero un folla—amigo. Pero por el momento, como decía, no ha habido suerte. En fin, ya llegará, supongo.

Después, sobre las siete, quedo con una amiga mía que conozco hace años, y que es como mi mejor amiga. Y cuando la dejo por la noche con el novio, pues me voy con otra gran amiga a la que considero mi hermana. Voy con ella y su novio, que también me cae bien. Con ellos dos tengo un pequeño grupo formado, juntos a otros pocos. Hay buen rollo y somos todos muy amigos. Cenamos juntos y después nos vamos por ahí, o vamos a su casa, o al cine, o lo que surja. Improvisamos.

Me vuelvo a casa en metro, o taxi, depende de lo tarde que sea o las ganas que tenga. Y por último, el domingo, me levanto sobre la una de la tarde y como en casa de la ex—mujer de mi tutor, con quien paso la tarde. Mantengo una buena relación de amistad y casi familia. Para mí es como mi madre. Ellos se separaron hace un año, pero yo sigo viéndome con ambos.

Son como mis padres, de hecho, la única familia que tengo. Y ahora estaréis pensando: ¿qué pasa? ¿No tienes padres o qué? Pues no, no tengo. Murieron hace años. Es largo de explicar, así que empezaré del principio.

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Now available in Audiobook: The Czar of Wilton Drive by R.P. Andrews

The Czar of Wilton Drive
Author: RP Andrews
Genre: Gay fiction; gay erotic fiction; LGBT fiction
Length: Novel
eISBN: 978-1-937796-70-9
Price: 0.99 USD

Buy e-book from: Amazon Kindle|Bn Nook|Kobo|Google Play

Buy audiobook from Audible|iTunes|ACX

Cover art: Les Byerley

The new boss is in…

In the course of minutes, twenty-one year old Jonathan Antonucci, barely out of the closet gay man from suburban New York, finds himself a multi-millionaire. His great uncle Charlie has unexpectedly died of a heart attack, leaving Jon the sole owner of several of the most successful bars in Wilton Manors, Ft. Lauderdale’s gay ghetto.

Flying down to Lauderdale to claim his bequest, Jon encounters Uncle Charlie’s dubious friends and business associates, and is immediately drawn into Lauderdale’s scene of unbridled sex and heavy drugs. He also discovers his great uncle’s memoirs which reveal truths not only about Jon’s own past but also what may have really happened to his uncle. In the end, Jon is torn between avenging Uncle Charlie’s death or loving the very man responsible for it.

Excerpt:

Chapter One

“C’mon, take it, you hairy motherfucker, take it! yes!” yelped Jon.

Lucky for them, Ernie and he had just shot their loads over the hot cock pics of Aussie Fuzzy Mate on Growl’r when Jon got that crazy, off-the-wall call from Gramps on his Samsung Galaxy.

“Hope the hell you aren’t in some kind of trouble,” roared Gramps so loud Jon didn’t have to put his phone on speaker. “You just got a letter Fed Ex from some lawyer down in Fort Lauderdale, Florida. Get your ass home now!”

Jon twirled his nose ring and pulled on his grizzly beard like he always did when he was contemplating what bullshit story to tell Gramps to cover his butt, but this time he was stumped. Not only had he never been in Lauderdale, he didn’t know anybody there either, not even on the gay hookup sites.

Except, that is, for Uncle Charlie, Gramps’s brother, who Gramps hadn’t talked to for over forty years once he found out Charlie was a queer. And Jon hadn’t seen him since Charlie flew up for Mom and Dad’s funeral when he was two and Sally, his sister, was practically in diapers. Christ, that was almost twenty years ago.

Ernie laid the ashtray on Jon’s furry chest as he handed him the roach holder for a last puff of whatever they had left. Ernie, chubby and smooth at five foot eight and already losing his hair at twenty-one, was almost the exact opposite of his six foot two, slim, trim, dark and hairy jerk-off buddy with the blue eyes and the wild mane of black hair.

“So what do you think it’s about?” asked Ernie brushing some ashes from his jeans.

“Fuck if I know,” said Jon, reaching for their cum rag to wipe his cock of Elbow Grease and spunk before pulling up his 501’s.

“You know, that was the fifth time we jerked off over Aussie Fuzzy Mate,” quipped Ernie grabbing the rag from Jon.

“Yea, and probably, the five hundredth time we’ve shot our loads looking at pics since high school.”

Ernie and Jon had known one another since tenth grade, when Ernie moved to Staten Island from Brooklyn, but they stopped trading stamps, their favorite after-school past time, for pics of hot naked men when Ernie, searching for some shit for a school paper on Jon’s laptop, discovered all those dirty pictures of humpy guys with their big dicks hard enough to hang clothes on ‘em. The secret out for both of them, they killed time up in Ernie’s attic apartment, smoking joints and getting stiff over naked men on the web. The phone apps made it even easier.

And unlike some guys he read about who had this compulsion to tell their shitty little world that they were gay, Jon saw no need to tell Gramps or his sister or anyone else for that matter. Not just because of how Gramps felt about his brother, Uncle Charlie. It just wasn’t anybody’s business, and frankly in a twisted way, Gramps might actually be glad Jon wouldn’t be knocking up any girls like Sally’s skivvy boyfriend Robbie did her.

“I’ve also seen that sorry cock of yours all that time, too,” Jon went on. “Don’t you think we should maybe branch out and see if we can get one of these guys for real? Shit, there’s plenty of hot dudes right here on Staten Island. We don’t even have to go into Manhattan.”

Ernie laughed.

“What, and spoil the fantasy? Plus with all the shit goin’ around out there, this isn’t just easier, it’s safer.”

Yea,” Jon answered with a sigh. “Well, we both have to get to work. You don’t want Fat Wallie to yell at us again for being late. This time the fuck might fire us.”

Ernie and Jon had worked at Perkins on Hylan Boulevard, Ernie in the kitchen, Jon as a server, for the last six months, their fifth fast food job since they graduated Tottenville High.

“Listen, you go on your own to work,” said Jon as he grabbed his coat. “I gotta get home first and find out what all this shit’s about.”

Thanksgiving was three weeks away and it was barely thirty degrees outside, but Jon managed to get his banged up ’97 Camry to turn over. He hoped he could wrap up the mystery with Gramps quick.

He had less than a half hour to get to work. He was broke and payday was tomorrow.
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Ten minutes later, Jon pulled up to 714 Sharrott Lane in what had once been considered the boonies of Staten Island. The tall, two story house with the peeling brown asphalt siding had been the only home he and Sally had ever known. Apparently, they had both been safely stowed in the back of the car at the time of the accident, but Jon remembered nothing and only learned what had happened from Gramps.

Seems Mom and Dad had been visiting Mom’s parents in Pennsylvania’s Poconos when, in a heavy rainstorm on one of those winding country roads, a deer went through the windshield and killed them both. Gramps, Dad’s dad, and Grannie, his mom, became Jon and Sally’s mom and dad, and when Grannie, a heavy smoker, died of breast cancer two years ago just as Jon was graduating high school, everything fell on Gramps. No wonder he sounded like he needed Ex-Lax most of the time.

At his son and daughter-in-law’s funeral, Gramps promised Grannie he would fix up the house, get new aluminum siding, and maybe even install an above-ground pool in the backyard for Jon and Sally with some of the insurance money from the accident. But here, almost twenty years later, no pool and no siding, and what had once been a quiet country road was now filled with auto body shops and construction yards. Luckily they were on the right side of the Island when Sandy hit, or chances are the house would have been stripped dry.

Gramps was sitting at the kitchen table where he sat most of the time when Jon walked in. Thirty years of driving a truck and delivering cookies for Nabisco had taken its toll on his back and knees, and, last year at sixty, he began collecting disability.

“There it is,” grumbled Gramps, pointing to the large white envelope with the Fed Ex logo on it, sitting on the table. “I didn’t open it. It’s your mail.”

It was from Applebee and Folsom, Attorneys at Law, Fort Lauderdale, Florida. And what was inside was simple and direct.

“Dear Mr. Antonucci:

As the attorney of record for Charles J. Antonucci, a legal resident of Fort Lauderdale, Florida, I am writing to advise you of your great uncle’s unexpected passing last Thursday from a heart attack, and to inform you that he named you in his will as the primary beneficiary of his estate. Since you are of the age of majority, your immediate presence here in Fort Lauderdale is required to complete the necessary paperwork and accept this generous bequest.”

“So, so what does it say?” asked Gramps impatiently, his hand shaking from his morning’s overdose of caffeine.

“Uncle Charlie is dead.”

“From what? AIDS I bet. Well, the fairy deserves it.”

“No, he died of a heart attack, and…”

“And what?”

“He—he left me almost everything.”

Gramps was silent for ten seconds, pretty unusual for him. Then he put down his coffee mug.

“And just exactly what did he have? He probably pissed all his teacher’s salary away on young boys and dope anyway.”

“It doesn’t say but they—they want me down there right away to go over things.”

“And how do you expect to get to Florida? On fairy wings? Your airhead sister’s wedding has already put me in hock.”

Just then, the envelope slipped from Jon’s hand and out fell an airline ticket on Jet Blue and one of those Visa gift cards his neighbor down the street would give him for watching her dog when she was out of town.

“Yea,” laughed Jon. “You might say I am getting down there on fairy wings.”

Jon returned to the letter.

“Enclosed you will find an airline ticket to Fort Lauderdale from Newark Airport, and a prepaid Visa card for two thousand dollars to cover any expenses. I have also arranged to have a cab meet you at the arrival gate to transport you to my office.
Looking forward to meeting you.
Sincerely,
Edward Applebee, Esq.”

“Well, estate or no estate, you’ve gotta be back by Friday for your sister’s wedding before she gets any bigger. That’s just three days away. Christ, today’s Monday already.”

Sally had dropped out of Tottenville High when she learned she was pregnant, and with her skinny frame, she was already beginning to show. Though he claimed he blamed God for the accident that killed his son and daughter-in-law, and had not stepped foot in St. Sylvester’s since the funeral, Gramps had contacted the pastor to perform the wedding vows for Sally and Robbie, who worked at Walmart, and had arranged with his fellow Vietnam vet buddies for a reception at the local VFW. But Gramps was right. Jon had to be back in time. He was best man.

“And what about your job?” asked Gramps.

A call to Ernie, who was already at work, took care of that.

“But what if I tell Wally to shove it like you said, and you find out your uncle left you shit?”

“I don’t care if it’s only five grand. I’ll manage.”

Then he asked Ernie, who was off the next day, if he could drive him to Newark.

The plane ticket on Jet Blue was dated for tomorrow at 9:10 a.m.

Sally was upstairs in her room watching TV when he went up to tell her.

“Don’t worry about me,” she said, expressionless. “Gramps is still in the stone age. This wedding shit was all his idea to make everything look respectable. Like, really, who gives a fuck?”

Then she laughed. “Just promise me you’ll buy Robbie and me a new car if you really strike it big.”

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